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Es
indudable que las tecnologías de la información
(IT) se han convertido en el eje sobre el cual
se desarrollan las operaciones comerciales de
y entre las empresas, se conectan las cadenas
entre proveedores, se sustenta la administración
pública y de manera creciente se vincula
a las empresas con sus clientes, a las prestadoras
de servicios con sus usuarios y a los organismos
gubernamentales con los ciudadanos.
El
advenimiento de la era digital, planteó
un cambio conceptual en relación a las
IT, ya que las mismas eran consideradas en base
a su capacidad operativa y presencia, como un
recurso determinante para alcanzar el éxito
en los negocios y la eficiencia en la gestión
pública. Pero como toda tecnología
de infraestructura que logra expandirse a nivel
global, se ha transformado, pasando de recursos
potencialmente estratégicos a factores
de producción comoditizados. Se ha vuelto
un costo necesario tanto para el sector privado
como para el gubernamental, que no plantea diferenciamientos
en la competitividad ni en los modelos de gestión.
Por lo que las IT como sus aplicaciones se convirtieron
en commodities.
La
gran inversión en IT realizada durante
la década de 1990, en base a la competencia
en los mercados internacionales, ha llevado a
una mayor capacidad tecnológica general
con una consecuente disminución de los
precios, debido a lo cual la tecnología
se volvió ampliamente accesible y asequible.
Al mismo tiempo, el rápido desarrollo de
las IT conllevó a la adopción de
estándares técnicos universales,
a partir de lo cual los sistemas propietarios
se volvieron obsoletos. Incluso, a medida que
las mejores prácticas se volvieron ampliamente
conocidas, se comenzó a estandarizar hasta
la metodología en la utilización
de la tecnología.
Las
funciones básicas de las IT (el almacenamiento,
procesamiento y transporte de datos), están
al alcance de todos y en los negocios las IT han
presentado en aumento, una historia de conectividad
e interoperatividad, desde la mainframe hasta
las LAN y desde las Intranet más amplias
hasta Internet; que aceleró la comoditización
de las IT, al proporcionar el canal adecuado para
la transferencia de aplicaciones freeware.
Básicamente
las IT son un medio de transporte, ya que almacenan
y transfieren información en formato digital,
del mismo modo en que los ferrocarriles transportan
bienes y las empresas de energía eléctrica,
lo hacen con la electricidad. Y cuando un recurso
se vuelve esencial para la operatividad pero es
irrelevante para la estrategia, los riesgos que
crea se vuelven más importantes que las
ventajas que ofrece.
Por
lo que actualmente, ninguna empresa u organismo
debería concebir su estrategia de negocio
y modelo de gestión, en función
de la ventaja comparativa por la utilización
de IT ya que la misma es un bien necesario. Pero
pensemos por un instante que efectos tiene en
la actividad de las empresas o gestión
de los organismos del estado, la falla o interrupción
de los sistemas de información.
Los
riesgos operativos asociados con las IT son muchos,
desde fallas técnicas involuntarias hasta
discontinuidad del servicio, pasando por las más
graves como son el fraude, el sabotaje o bien
el espionaje en los sistemas informáticos,
sin mencionar el daño al prestigio institucional.
Y si consideramos que las redes informáticas
no presentan fronteras y las actividades de “inteligencia”
sobre las IT están en crecimiento, en parte
sabiendo que frente al estancamiento de la competitividad
basada en las IT lo que más valor estratégico
tiene es la información sensible y por
otro lado como respuesta a la falta de adopción
de políticas de seguridad sobre las mismas.
Entonces un problema de IT puede no solo interrumpir
la capacidad de producción y/o comercialización
de las empresas y producir un desastre a escala
en la administración pública, sino
que puede ser aprovechado por potenciales competidores
o saboteadores, para obtener un rédito
económico. Aún así, pocas
empresas han realizado una cuidadosa identificación
de sus aspectos vulnerables y securización
de los mismos y en peor situación se encuentran
los organismos del Estado Argentino, cuya situación
en relación a la seguridad de sus sistemas
es verdaderamente preocupante.
Quizás
inquietarse por la seguridad en los sistemas de
información no parezca tan ventajoso como
especular sobre el futuro de los negocios o la
política, pero en este momento es muy importante
y constituye un verdadero valor estratégico,
para el éxito sustentable.
Ser
conciente de esta realidad y no tomar medidas
concretas al respecto, es saber que tenemos una
bomba de tiempo de múltiples efectos, instalada
en el corazón mismo de nuestra actividad
(nuestros sistemas de información), pero
sin tener plena certeza de cuándo y con
qué propósito será detonada.
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